Nada.
Y de esa energía fluyente y viva capaz de sincronizar cada pensamiento sólo resta una mácula de añoranza.
Y de esa energía fluyente y viva capaz de sincronizar cada pensamiento sólo resta una mácula de añoranza.

Todo lo que alguna vez fueron promesas de un nuevo comienzo se nos escapan entre los dedos ante nuestra mirada atónita. Los Teamos y los sueños chorrean en un lagrimeo tibio que no termina de enfriarse de la pasión obsoleta.
Nada.
En la Nada fértil palpitan, se retuercen, germinan el deseo insatisfecho, las noches solitarias y los juegos sin respuesta que se vuelcan en el cuenco del seno caprichoso, decantando, fermentando, descomponiéndose, inundando los ojos con sus humores cáusticos, reptando hasta los pechos y bañándolos en su ponzoña cuando a las mentes vienen esas palabras malditas que se vuelven agujillas en las llagas purulentas.
Y las esperanzas que se albergan cada amanecer, enflaquecen y vuelven a morir cada medianoche justo antes del primer aliento del sueño, luego de comprobar una vez más que nada queda entre los recuerdos y el presente inexistente.
