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martes, 29 de noviembre de 2011

Another Emo Kid


¡Calla! ¡Cállate, que no puedo oír mis propios pensamientos! Déjame vivir, déjame sentir por mí misma. Tus palabras son un veneno paralizante para mi cerebro que no me deja fluir, que no me permite articular más que balbuceos incoherentes, me vuelves un bruto indefenso a merced de tu verborrea, mezclando palabras de amor con reproche como si fueras un padre divertido por las niñerías de su hijo. Le das palmaditas en la espalda a mi mente para que no se sienta mal por estarse cayendo a pedazos, por abrir la jaula de mis pensamientos y echarlos a volar como mariposas de un solo día inmoladas en el brillo cegador de tus palabras y así amansas a la bestia, estrangulas mis ganas, secas mis deseos, me dejas… tan… vacía…

jueves, 24 de noviembre de 2011

Por el desarrollo libre, o una opinión personal sobre la importancia de la enseñanza del arte en las escuelas

Debería estar estudiando alemán, lo sé, pero no pude evitar hacer una pausa para reflexionar un momento sobre la necesidad -no necesariamente la opción- de enseñar arte en las escuelas y colegios. He leído que algunos coetáneos opinan que no es necesario, he leído que el arte “se aprende en la calle” y que “unos crean y el resto aplaude” y no puedo evitar indignarme por la estrechez de miras que demuestran algunas personas sobre este tema. Personalmente, tuve la suerte de desarrollar ciertos dotes artísticos desde que era muy pequeña y, si bien la clase de artes visuales a la que asistí durante 12 años de enseñanza básica y media no me ayudó mucho a perfeccionar mis técnicas, sí me ayudó a desarrollar mi motricidad fina, mi aprecio por el esfuerzo de otros, trabajo en equipo y sobre todo, me enseñó hasta qué punto nuestra apreciación del entorno puede diferir de la de nuestros compañeros. Curiosamente, los más dotados artísticamente éramos los más irresponsables y dejados, mientras que los compañeros que se esforzaban en sus tareas lograban resultados de infinita mejor calidad.
La idea de que algún jovenzuelo salga a la calle un día y mirando las nubes, o más probablemente el tele, decida que va a ser un artista, desarrollando mágicamente capacidades de apreciación del arte y alguna motivación para hacer florecer su talento, me parece no menos que ridícula. Sí, algunos prodigios tendrán la iniciativa suficiente para hacer crecer formalmente su talento, pero ¿y el resto? ¿tendrá que conformarse con la escuela del Street Art? No estoy en contra del arte grafitero pero me parece injusto que sea la única posibilidad que la sociedad ofrezca libremente de observar arte, y no me cabe duda de que algunas personas ni siquiera lo consideran como tal.
La postulación de que las habilidades artísticas son exclusivamente innatas es absolutamente egoísta, casi barbárica, una extrapolación moderna de la teoría de la supervivencia del más fuerte: el apoyo para el más talentoso, echando a la basura el potencial del que es perseverante y constante, de las habilidades que pueden desarrollarse, del talento que puede cultivarse, incluso crearse. El espíritu humano es capaz de crear aptitudes, puede aprender y superarse con nada más que voluntad ¿cuántos Mozarts, cuántos Rimbauds nacerán cada año? No enseñar arte en las escuelas es privar a los niños de la oportunidad para ejercitarse mental, física y espiritualmente, de aprender aunque sean vagas nociones sobre las innumerables centurias de sabiduría artística acumulada y esto sólo porque los adultos que los rodean, quienes se supone que serán sus mentores no están interesados en estos campos de conocimiento. La supervivencia no depende de las expresiones plásticas, musicales o literarias. A diferencia de los actos primordiales como alimentarse, desplazarse y comunicarse, si a los niños no se les enseña lo que es el arte, nunca se desarrollarán como artistas, de la misma manera que si no se les enseña que hay otros países, creerán que la gente que conocen es la única sobre la faz de la tierra, si no se les enseña que la tierra es redonda, creerán que lo que ven es todo lo que existe y no se desarrollarán como personas conscientes de su entorno; un niño no aprenderá matemáticas si no le enseñas números primero, no escribirá si no sabe que existen las letras, y no pasará del arte rupestre si no le enseñas la obra de los que vinieron antes que él.
Ninguna escuela básica creará un prodigio pintor o músico, pero sí albergará en sus corazones y mentes las inquietudes primordiales, la voluntad, la mera curiosidad para explorar e intentar y eso será suficiente invitación para crear y aprender. Lo que nos corresponde como agentes sociales activos es dar posibilidades, enseñar sobre diversidad, abrir puertas hacia caminos diferentes. Cuando ellos tengan la madurez suficiente para elegir por sí mismos, y no antes, finalizará nuestra tarea, esa tarea con la que el vapuleado lema “Por el desarrollo libre del espíritu” cobrará sentido nuevamente.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Punta y pluma

Fuiste Orfeo y tu sonrisa su música calmando a Cerbero, fuiste Heracles y tus palabras la razón por la que te seguí fuera de mi guarida sombría. Me ofreciste todo lo que siempre esperé aún antes de que pudiera darme cuenta, me diste tu mano y me invitaste a iniciar una aventura con dos campeones en lugar de pedirme que fuera tu princesa o tu dama en peligro, porque siempre supiste que antes de ser Penélope rechazando los placeres terrenos, sería Antígona inmolándome en rebeldía contra la soledad de tu ausencia.


Tu elocuencia será la espada letal y mi orgullo el escudo impenetrable del héroe que formamos juntos en otra gran aventura. Robaré tus pensamientos, me quitarás el corazón y seremos el tifón, unidos mar y cielo, aire y agua en un abrazo caótico en el que no sabré dónde acabas tú y dónde empiezo yo.


Las risas, los gritos, las lágrimas, los suspiros irán a morir en la melancolía del otro cuando el deseo sea tan intenso que todo lo demás sea devorado por los recuerdos del verano más corto de nuestras vidas, cuando el honor nos impedía acariciarnos los labios mientras que por dentro, los Teamo se nos iban volando entre las pestañas. Ahora mis dedos recorren tu pelo desesperadamente mientras el aroma de tu sudor llena mi nariz como el vaho embriagante de un brebaje encantado. Tus susurros permanecen en mi oídos días después de que nuestros labios se hayan separado, arrullándome en esos momentos de soledad extrema, y la huella de tus manos sobre mi piel dejan un rastro ígneo que nunca se extingue antes de tu regreso.

Nos quedarán las tardes estivales para refugiarnos en el recuerdo, nos quedarán las miradas infinitas que me dabas, y cómo me decías que te morías por besarme, nos quedaremos el uno al otro mientras aún puedas tocarme y mientras aún pueda besarte.