Powered By Blogger

martes, 15 de mayo de 2012

1000 sonrisas


No te vayas, le pidió. Él se inclinó para besarla. Ella olía a calor y sus labios, a humedad; en su piel se había enredado el aroma intenso de su amor y al suspirar ella, las sábanas exhalaron un vaho tibio en recuerdo de los cuerpos que habían descansado en hermético abrazo. Él olía a perfume de hombre, a menta y a ropa limpia; su nariz helada y su aliento fresco la desperezaron un poco más. Quédate conmigo sólo un minuto más, suplicó ella y le lanzó los brazos al cuello. Su piel se erizó cuando el frío del exterior de las sábanas golpeó sus poros, pero lo hizo caer sobre el torbellino de mantas y frazadas que la cubría apenas. Adoraba sentir el peso de su cuerpo varonil sobre su pecho. Por su mente pasaron imágenes sueltas del frenesí de la noche anterior, de la semana que recién había pasado, de innumerables episodio claroscuros. Abrazó su espalda, recorriendo las marcas que sabía que se escondían bajo la camisa, tan reales como el leve resentimiento en sus muslos esa mañana. Debo irme, rió él, te veré esta tarde y si quieres podemos ir a comer. Te arrancaré mil sonrisas. Ella suspiró, adormilada nuevamente y con la cara enterrada en su cuello, adivinando el palpitar de las venas bajo su piel. No, esta tarde sólo quiero que me abraces y descansemos, susurró. Él asintió y se deshizo del apretado abrazo de ella, le besó en la frente por última vez y la arropó con ternura. Descansa un poco más, volveré a ti pronto.

La mañana transcurrió en paz en su oficina. Llegado el mediodía, el momento que había estado esperando toda la semana se presentó y los pensamientos amorosos de quien lo esperara en casa quedaron enterrados bajo un borbotón de adrenalina. Se asomó precipitadamente a la puerta de su oficina: ¡Carolina, espera! Alcanzó a la mujer ¿Dónde almorzarás? ¿Qué te parece si te llevo a un lugar lindo? trataré de robarte mil sonrisas añadió en voz baja.

No hay comentarios: