¡Saludos, adorados lectores! Mi
nombre es Loretormenta y les apuesto mi mp3 de 128MB a que jamás habían oído
hablar de mí.
Esta vez le contaré que el 6 de junio de 1973 nació
Patrick Rothfuss, quien en 2007 publicó el primer volumen de la Crónica del
Asesino de Reyes titulado El Nombre del Viento. La obra ha sido alabada por Terry Brooks, George Martin, Robin Hobb,
The London Times, B&N y un largo etcétera, como el autor muestra
totalmente libre de falsa humildad (o de cualquier tipo de humildad) en su
página oficial http://www.patrickrothfuss.com,
pero según la modesta opinión de quien les escribe, el libro tiene muchas virtudes
y algunos defectos también.
Crónica del Asesino de Reyes
trata de cómo su protagonista, Kvothe —pronunciado /kuouz/—,
le cuenta a un escriba la historia de su vida en tres días. Como se pueden
imaginar, cada día corresponde a uno de los libros de la saga. El Nombre del
Viento es el relato del primer día y uno de los motivos por los que te devoras
el libro. Un breve párrafo en la contratapa del libro nos da algunas luces
sobre la trama y se podría resumir así: Resulta que Kvothe es una leyenda
viviente, el protagonista de decenas de historias donde juega el papel de héroe
o villano según quién las cuente; además es un músico prodigioso, mago, ladrón
delincuente, compositor, guerrero, amante y mentiroso brillante. Con todo esto,
lo primero que se te viene a la cabeza después de leer las primeras páginas es “¿Qué hace semejante muñeco con semejantes
talentos de incógnito atendiendo la única posada de un pueblo perdido en medio
de la nada cuando en el mundo exterior las cosas están tan jodidas?” porque
en poco menos de 900 páginas, este
bombón pelirrojo con una labia digna del político más experimentado y más
talentoso que Mozart, nos relata cómo en su juventud le pasaron las desgracias
más terribles y las casualidades más asombrosas que uno se pueda imaginar. En
pocas palabras, podríamos decir que es el Gary Stu por excelencia. Casi.
Para los lectores que no lo
sepan, el término Gary Stu es la
masculinización de otro término: Mary Sue,
que resulta ser la protagonista de una parodia que la ociosa Paula Smith le
hizo a los fanfictions adolescentes de Star Trek por allá por el ‘73. Los
personajes Mary Sue/Gary Stu tradicionalmente son el reflejo de las
inseguridades adolescentes o a veces no tan adolescentes, ¿cierto Stephenie?
de los propios escritores, pero hoy en día pueden referirse también a cualquier
personaje con la suma de algunas características bien definidas como: un pasado
trágico, algún talento artístico exacerbado, un poder sobrenatural inexplicable
que los hace superiores al resto de los mortales, color de ojos/cabello
inusual, objeto de alguna profecía u otra designación por la que recibirán un
trato diferente (sorry, potties), y por supuesto, ningún defecto notorio, ni
físico ni psicológico, entre otras.
En general la obra es de una lectura ágil, que no es lo mismo que
una lectura rápida: La lectura ágil es ese estilo donde tus ojos se deslizan
suavemente por las palabras, que te absorben rápida e irremediablemente dentro
del libro, las frases están hiladas con maestría, tiene un ritmo agradable que
alterna rutina del protagonista y eventos asombrosos de forma excepcionalmente
inteligente por decir lo menos, y a pesar de que hay momentos en que el autor
entrega una tonelada de información de una vez, en muy pocas ocasiones será
necesario volver páginas atrás porque no se entendió bien tal o cual cosa. Mas
en este punto he de arremeter contra el segundo gran inconveniente de esta
tremenda obra. Relleno. Sí, como la
saga de Freezer en Dragon Ball Z, como esos interminables campos de fútbol que
daban la vuelta al mundo en Captain Tsubasa , como el Bosque viejo entre la
Comarca y Bree: relleno puro y duro. A veces se nota que Pat se esforzó un
poquito de más por hacer creíble la historia de su bienamado protagonista; el
mismo evento de Trebon, mencionado en la contratapa del libro, parece sólo una
justificación para relatar una de las tantas hazañas sobre las que Kvothe
fanfarronea en este párrafo, que reza no muy elocuentemente “Incendié la ciudad
de Trebon” (¿Eso cuenta como spoiler? No me parece, repito que está en la
contratapa). Lo peor es que el relleno, a pesar de ser mucho menos de lo
podríamos temer, es bastante extenso. No
extenso e innecesario como 4 volúmenes de Twilight, sino ligeramente, un
poquitín molesto.
Aún así, nada logra mermar lo
bueno de El Nombre del Viento y es que está escrito de una forma maestra.
Originalmente llamado The Song of Flame
and Thunder (La Canción de Fuego y
Trueno), la Crónica del asesino de reyes, o lo que va de ella, es un deleite
para la mente. Lo personajes son absolutamente creíbles, al menos los
principales, y aunque a veces al autor se le va de las manos el Gary Stu, todo,
desde las rabietas infantiles hasta esos inexplicable actos heroicos que
abundan en la trama están perfectamente ubicados, descritos y relatados. La
elaborada tradición detrás del mundo en el que Kvothe se desenvuelve, la
detallada cultura creada por Rothfuss para su sociedad ficticia es nada menos
que exquisita. ¡La Mancomunidad tiene su propio calendario y cada país tiene
una moneda de cambio diferente! Son detalles que hacen de esta obra un clásico temprano, aparte de un
Best-seller que es obligación moral geek obtener cuanto antes, sobre todo si
estás buscando un título fresco, bien hilado y con una horda de celebridades literarias respaldándola.


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