Powered By Blogger

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Punta y pluma

Fuiste Orfeo y tu sonrisa su música calmando a Cerbero, fuiste Heracles y tus palabras la razón por la que te seguí fuera de mi guarida sombría. Me ofreciste todo lo que siempre esperé aún antes de que pudiera darme cuenta, me diste tu mano y me invitaste a iniciar una aventura con dos campeones en lugar de pedirme que fuera tu princesa o tu dama en peligro, porque siempre supiste que antes de ser Penélope rechazando los placeres terrenos, sería Antígona inmolándome en rebeldía contra la soledad de tu ausencia.


Tu elocuencia será la espada letal y mi orgullo el escudo impenetrable del héroe que formamos juntos en otra gran aventura. Robaré tus pensamientos, me quitarás el corazón y seremos el tifón, unidos mar y cielo, aire y agua en un abrazo caótico en el que no sabré dónde acabas tú y dónde empiezo yo.


Las risas, los gritos, las lágrimas, los suspiros irán a morir en la melancolía del otro cuando el deseo sea tan intenso que todo lo demás sea devorado por los recuerdos del verano más corto de nuestras vidas, cuando el honor nos impedía acariciarnos los labios mientras que por dentro, los Teamo se nos iban volando entre las pestañas. Ahora mis dedos recorren tu pelo desesperadamente mientras el aroma de tu sudor llena mi nariz como el vaho embriagante de un brebaje encantado. Tus susurros permanecen en mi oídos días después de que nuestros labios se hayan separado, arrullándome en esos momentos de soledad extrema, y la huella de tus manos sobre mi piel dejan un rastro ígneo que nunca se extingue antes de tu regreso.

Nos quedarán las tardes estivales para refugiarnos en el recuerdo, nos quedarán las miradas infinitas que me dabas, y cómo me decías que te morías por besarme, nos quedaremos el uno al otro mientras aún puedas tocarme y mientras aún pueda besarte.


1 comentario:

Idrail dijo...

Es uno de los escritos más bellos, reales y certeros que he leído. No sólo capturaste nuestra escencia sino que la asimilaste al punto de hacerla canto. Como si las palabras se quemaran deliciosamente para forjar la alegría de nuestros corazones. Oh mi amor, no sabes cuán feliz me has hecho desde aquel día que cruzamos miradas. Desde aquel dia que me mataste y me reviviste de nuevo. Te amo!